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~ Blog de la Asociación Wagneriana de la Sierra de Guadarrama. Inscrita en el registro de la Comunidad de Madrid con el nº 34.578

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Publicaciones de la categoría: Disertaciones

Música mística de Gurdjieff-De Hartmann, para piano, setar, daf, poesía y danza

12 viernes Dic 2014

Posted by wagnerianus in AWSG informa, Disertaciones

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El temor mata la voluntad y paraliza toda acción. Si de la virtud Shîla (armonía en la palabra y acción) está falto, el peregrino tropieza y los guijarros kármicos lastiman sus pies en el pedregoso sendero

Helena Petronila Blavatsky

El Cuarto Camino no es fácil de hallar, pero el fulgor de los rayos del sol en el ocaso, las gotitas de los hongos tras una lluvia de otoño, el crujir de la tierra junto al lago de aguas cristalinas y el frescor de los pies descalzos en la arena prístina del amanecer en la playa, me hicieron encontrarlo de manera clara y distinta

Hermann Landwirth

Playa bailarina

Una de las facetas más desconocidas de George Gurdjieff (1872-1949), personalidad inclasificable (maestro, filosofo, gurú, aventurero, asceta, escritor, místico, chaman) donde las haya, es su faceta musical, casi podría incluso decirse que etnomusical pues recopilaría através de su discípulo Thomas de Hartmann multitud de cantos y melodías de su increíble herencia armenia, turca, rusa, ortodoxa, griega, kurda, persa, eslava.

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George Gurdjieff (1872-1949)

Recopilador de temas tradicionales anónimos, muchos de ellos de origen remoto y legendario, del Asia Central, del lejano oriente, mas allá de la Persia sagrada de los sufis, de los místicos locos de amor del Islam, del exquisito Rumi, de Ibn Arabi, de los viajes legendarios de Sir Richard Burton, Gurdjieff no era un músico profesional, ni siquiera tocaba el piano, sin embargo la música fue y se convertiría en el catalizador necesario para la trasmisión y la comprensión de su legado estético espiritual, en definitiva de sus enseñanzas y su mensaje.

El músico y discípulo Thomas de Hartmann (1885-1956) sería quien ayudaría al maestro a transcribir su música al pentagrama de notación occidental. Más tarde sería el mismo de Hartmann, como muy bien explica en su libro autobiográfico Nuestra Vida con el Señor Gurdjieff, que nos sirve magistralmente para entender lo que la música en las danzas derviches y sufis ocupan en el legado del maestro Gurdjieff.

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Thomas de Hartmann (1885-1956)

Poder tener acceso a este inaudito e inclasificable legado musical, prácticamente de los pocos escritos en notación occidental de “música sufi”, de la música de los derviches clásicos de la Persia legendaria del misticismo sufi del Islam de otras épocas, supone una maravillosa oportunidad de poder acercarnos a culturas y lugares inaccesibles y legendarios, al mundo místico intimo del legendario maestro Gurdjieff.

Les presentamos un espectáculo que combina la música y la danza, dos primas hermanas, Euterpe y Terpsícore, en una unión íntima con la poesía sufí de Rumi (1207-1273), en la que Erato y Polimnia se dan la mano trascendiendo cotas inimaginables de belleza y éxtasis.

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Jalāl ad-Dīn Muhammad Rūmī (جلال‌الدین محمد رومی), también conocido como Mawlānā en persa clásico (مولانا), que significa «Nuestro maestro», en definitiva, Rumi (1207-1273)

Intervendrán en el espectáculo Mónica Sade (danza), Yoraida Amal (recitado), K. Martín al setar y daf, y Ángel Recas al piano. Les esperamos en la casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial, nuestro acostumbrado refugio, en la C/ Floridablanca, 3, 28200 San Lorenzo de El Escorial, el 27 de diciembre a las 12:00 h.

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Mónica Sade

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Yoraida Amal

Igualmente, les agradeceríamos sobremanera una contribución económica que ayude a los artistas de este espectáculo al menos a cubrir unos mínimos gastos. Por ello, ponemos a su disposición una plataforma segura de pago, Paypal, para que puedan hacer la contribución que ustedes deseen. Todo lo recaudado hasta el mismo día 27 de diciembre será para los artistas de este espectáculo, y serán bienvenidos desde unos humildes céntimos hasta…

Simplemente haga click en el botón de PayPal que aparece más abajo y podrá donar el importe que desee. ¡Muchas gracias!

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Comienza la integral de los Poemas Sinfónicos de Liszt

17 lunes Mar 2014

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Franz Liszt

El pasado 1 de febrero, como siempre en la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial, tuvo lugar la primera conferencia-concierto de la continuación de la presente temporada 2013-2014 en la que, como hemos anunciado ya, el hilo conductor serán los Poemas Sinfónicos de Franz Liszt.

Tuvimos el gusto de comentar y escuchar el Poema Sinfónico Hamlet, el Poema Sinfónico nº 10, compuesto en 1858. Según Pierre-Antoine Huré y Claude Knepper, se trata de un Poema Sinfónico que conserva la forma de pirámide del original shakesperiano, en el sentido de que en su desarrollo se observa una progresión ascendente que posteriormente desciende. Así, los actos I y V presentan un nivel de acción casi nulo en tanto que exposición y desenlace, los actos II y IV son actos de transición, el pasaje al, o la salida del, acto III, corazón de la obra, nudo central en torno al cual todo gravita.

Pirámide Hamlet

La estructura de la pieza musical sigue, por lo tanto, este esquema, siendo cada parte más o menos equivalente en minutaje. Lo que está claro es que Liszt consigue una simbiosis extraordinaria entre música y texto, reflejando en el mundo sonoro la atmósfera de duda que rodea al personaje de Hamlet, así como la acción del drama.

En una carta de 18 de enero de 1856, Liszt escribe a su amiga Agnès Street-Klindworth acerca de Hamlet y a propósito de una representación que tuvo lugar en Weimar de la obra de Shakespeare, con el actor Bogumil Dawison (que hacía entonces con Shakespeare lo que los rusos con Polonia) lo siguiente: “Él crea mientras interpreta. Su concepción del papel de Hamlet es completamente nueva. No lo toma por un soñador ocioso que se derrumba bajo el peso de su tarea, como se le ha visto convencionalmente desde la teoría de Goethe (en Wilhelm Meister), sino por un príncipe inteligente y osado, con objetivos políticos elevados, que espera el momento propicio para vengarse y para alcanzar al mismo tiempo la meta de su ambición de ser coronado en el lugar de su tío. Obviamente, el último resultado no podía alcanzarse en las veinticuatro horas convencionales [Liszt creía que la acción de Hamlet se completaba en el plazo de un día] – y las expectativas que Shakespeare construyó para el papel de Hamlet, sus negociaciones y relaciones secretas con Inglaterra, que se denuncian claramente al final de la obra, en mi opinión justifican por completo la concepción de Dawison, con el debido respeto al Sr. Goethe y los estetas de la regla general. Al mismo tiempo, Dawison resuelve muy afirmativamente la cuestión de si Hamlet ama o no ama a Ofelia. Sí, Ofelia es amada; pero como todas las naturalezas excepcionales, Hamlet exige imperiosamente el vino del amor de ella y no se satisfará con suero. Él quiere ser comprendido por ella sin ceder a la necesidad de explicarse. Visto así, es Ofelia quien corresponde a la noción generalmente aceptada del personaje de Hamlet; es ella quien es aplastada por el peso de su papel a través de su incapacidad de amar a Hamlet como él necesita ser amado, y su locura no es más que el decrescendo de un sentimiento cuya vaporosidad no le permite permanecer en la esfera de Hamlet”.

Hamlet y Horacio en el cementerio (1839), de Eugène Delacroix (1798-1863)

Quizá no es lugar para entrar en disquisiciones al respecto, pero nosotros en realidad vemos a Hamlet como el malo, el príncipe que en efecto pasa por encima de cualquier cosa para lograr sus fines, acabando con la estabilidad lograda en el reino, que por otra parte se ve amenazado por una más que probable invasión noruega. Asimismo, Hamlet basa toda su acción de venganza partiendo de un hecho que realmente no se sabe si es cierto o no, ya que es un fantasma, entre brumas o ensoñaciones, un fantasma que dice ser el antiguo rey, quien comunica al príncipe que fue asesinado por su tío al verter éste veneno en su oído mientras el rey dormía. Tras multitud de intrigas, duelos, caída en la locura de un personaje inocente como Ofelia, resulta que tanto Hamlet como el rey resultan muertos, entrando plácidamente los enemigos del reino en el castillo de Elsinor, dado que por las disputas internas en la corte nadie se ha ocupado de frenar la invasión noruega… en fin, juzguen ustedes mismos si la actuación del príncipe Hamlet resulta a la postre beneficiosa para sus propios intereses. No obstante, ahí está la grandeza de la obra, que juega con la locura tanto real como fingida, trata de temas como el dolor, la ira, la traición, la venganza, la corrupción (todo ello muy de actualidad en nuestro querido suelo hispánico) o el incesto.

En segundo lugar pudimos escuchar el segundo movimiento de la Sinfonía Fausto de Liszt, el movimiento titulado Gretchen, pues es dedicado a la figura de Margarita. Figura femenina que representa la inocencia virginal, se encuentra tan obsesionada con Fausto que, al desojar la margarita, el característico “me quiere, no me quiere”, Liszt utiliza el recurso melódico tan sutil de ir introduciendo poco a poco el tema de Fausto, hasta hacerse casi predominante, tejiendo en todo caso un magnífico dueto de amor. Según otra interpretación cuyo autor no recuerdo ahora, en realidad este movimiento sigue siendo Fausto, es decir, Margarita sería una ensoñación, una creación del propio Fausto, que es incapaz de amar desinteresadamente y por lo tanto proyecta su sombra cada vez mayor sobre la figura femenina (¿un ansia de dominación, tal vez?).

Por último, tuvimos ocasión de escuchar la Procesión en la noche, siguiendo los episodios del Fausto de Lenau. Se trata de un episodio especialmente trágico en el que Fausto contempla la procesión fúnebre de Margarita, muerta por culpa (algo parecido a Ofelia con Hamlet) de Fausto, con el siniestro añadido de que Margarita es, a su vez, culpable de haber asesinado al hijo nacido de su relación con Fausto.

En fin, un programa algo tenebroso, a qué negarlo, pero de una gran calidad musical y que toca muchos temas perennes para el ser humano.

Celebramos el bicentenario del nacimiento de Charles-Valentin Alkan

04 miércoles Dic 2013

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Charles-Valentin Alkan nació en París un 30 de noviembre de 1813. Su apellido original era Morhange, que utilizó durante los primeros años de su vida; sin embargo, él y sus hermanos decidieron adoptar como apellido el nombre propio de su padre, Alkan Morhange. Familia judía, de observancia religiosa, lectora de las sagradas escrituras, los Morhange/Alkan mostraron pronto talento para la música, pero fue uno de ellos, Charles-Valentin, quien destacaría sobre los demás. Logró entrar en el estricto conservatorio de París, donde pronto deslumbraría por su manera de tocar. Alkan, sin embargo, era un hombre reservado que fue abandonando los escenarios y los salones parisinos que para él eran símbolo de frivolidad y que encontraba carentes de interés. Igualmente, el golpe que supuso para él su no elección como nuevo director del conservatorio de París, puesto vacante dejado por Pierre Zimmermann y adjudicado a Antoine Marmontel, católico, apostólico y romano (y, a decir de algunos autores, mediocre pianista y pedagogo), en lugar de ese hebreo oscuro y huraño, le hizo refugiarse aún más en la intimidad de su hogar, donde daba clases a numerosos alumnos, especialmente a partir de 1849, dado que acogió a muchos de los alumnos de su colega y difunto amigo polaco, Fryderik Chopin. Admirado por Liszt, el propio Chopin, Hans von Bülow o Ferruccio Busoni, y detestado por Robert Schumann, su rastro quedó prácticamente sepultado a partir de 1888, cuando, según se cuenta, un ya viejo Charles-Valentin Alkan trataba de coger en su biblioteca el Talmud, provocando que una estantería mal anclada se le viniera encima y le aplastara, causándole la muerte y esparciendo una injustísima cortina de olvido sobre su obra que, gracias a pianistas como Raymond Lewenthal, Ronald Smith, John Ogdon, Ervin Nyiregyházi o Marc-André Hamelin, va siendo rasgada, arrojando luz sobre la extraordinaria obra de un autor fascinante.

Tendremos ocasión de escuchar un concierto con obras variadas como el Aleluya op. 25, la Marcha fúnebre op. 26, una selección de su obra Les mois (Los meses) que supondrá estreno en España (no nos consta ninguna otra interpretación de esta obra en nuestro país), el estreno cósmico de la versión para piano solo de L’Enfer, original para violín y piano, y el cuarto movimiento de su Gran Sonata para piano Les quatre âges, op. 33. Cubrimos así un amplio ámbito temporal de la vida de Alkan, con algunas de sus principales obras, de entre las cuales destaca sin duda el mencionado cuarto movimiento de la Gran Sonata, titulado 50 ans. Prométhée enchaîné, que lleva la indicación de tiempo Extrêmement lent. Esta sonata durmió en un cajón durante más de cien años, hasta que Ronald Smith consiguió estrenarla, y hoy en día sigue siendo poco interpretada, dado que su segundo movimiento, verdadero corazón de la obra, incluye unas dificultades técnicas tan tremendas que muy pocos pianistas se atreven con ella. Y dado que se trata por desgracia de un autor de por sí poco conocido entre los pianistas, el círculo de aquellos que pueden plantearse si estudiar o no su Gran Sonata se reduce todavía más. Disfruten del concierto y les animamos a descubrir más cosas sobre Charles-Valentin Alkan y, por supuesto, sobre su música.

Festival wagneriano de verano en San Lorenzo de El Escorial: el Festival Antibayreuth

25 jueves Jul 2013

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En la ya finalizada temporada 2012-2013 los fundadores de la Asociación Wagneriana de la Sierra de Guadarrama (AWSG), hemos llevado a cabo un ciclo de conferencias-concierto en San Lorenzo de El Escorial que, nos atrevemos a decir, ha sido prácticamente el único dedicado a conmemorar el bicentenario del nacimiento de Richard Wagner.

En efecto, hemos constatado un vacío inexplicable (exceptúense los grandes gestos a la nada de ciertas instituciones cual “brindis al sol” en los cuales hablando de Wagner o tratando su natural wagneridad no se escuchaba ni una sola nota del maestro de Leipzig, actos comprensibles para rellenar unas líneas curriculares en la excelencia universitaria tan característica de por aquí) en la programación de los distintos teatros y salas de concierto en relación con esta efeméride, y lo que es peor, las autoproclamadas asociaciones wagnerianas no han hecho nada, o prácticamente nada, salvo tal vez alguna organizar un viaje a ver la Tetralogía que se representaba en plena Selva Negra, o conceder tal vez graciosamente unas becas políticamente correctas (por absurdas y previsibles) en inercial actitud wagneriana para acallar la conciencia de Wotan; tal vez alguna otra, como su jefazo absoluto pomposamente expuso antes de la efeméride (de manera constructivamente ejemplarizante, por cierto), realizar una reunión (al final de la efeméride) para ver qué han hecho mal otras asociaciones wagnerianas durante este tiempo de conmemoración wagneriana; o, tal vez alguna otra más, poner algún DVD de alguna ópera de Wagner en actitud inercial tremendamente creativa y audaz. La política (a diferencia del interés musical) es lo que caracteriza a toda asociación wagneriana que se precie, y al mismo tiempo esta misma idea (la política, ellos lo llaman “insalvables diferencias estéticas”) es lo que las divide. De esta manera, nos consterna decir que sólo la AWSG (que no se precia de nada) ha apostado por un modelo de ciclo combinado con conferencias y apoyo de imágenes para ilustrar cada acto musical, y por lo tanto, podemos decir que sus miembros hemos sido los únicos que hemos hecho música en directo y que hemos tratado de innovar con respecto al ya manido formato de conciertito, vinito, conversación banal sobre las wagnerianísimas escenografías (hablar de intérpretes y no de músicos es un profundo error, decía Schumann), sobre el tiempo (a poder ser en Bayreuth) o el último partido de fúmbol y eaaa…a casa.

La magnifica oportunidad que produce cada año a finales de julio el Festival de Bayreuth, aglutinando acólitos convencidos, arrebatados seguidores wagnerianos, tipos con smoking y señoras con collares (que como diría Groucho Marx, no sabemos qué hacen ahí pero ahí están), wagnerianos más wagnerianos que Wagner (aunque no sepan leer una nota musical, ni falta que les hace en su wagnérica y wagnerísima vida), presidentes o presidentas wagnerianas de gloriosas asociaciones wagnerianas provinciales del orbe cósmico provincial… pero muy muy wagnerianas, gente de relleno social, gente social de relleno, especialistas musicales de esos que son muy musicales por ser tan especialistas (esos que jamás sabrían reconocer que el “acorde de Tristán” procede de Chopin vía Liszt y, aun pudiendo saberlo, tampoco lo reconocerían por su confesable ceguera wagneriana), en definitiva multitud de Zombis que en elitisto (sí, de Eli y Tisto) banquete caníbal se reúnen en su holocáustico y político devenir con la supuesta excusa de su latente wagneridad imperecedera y zómbicoincorruptible… dentro de los parámetros que la podredumbre mental manifiesta de un ente zómbico (y bajneriano –o, a la manera chusquísimamente chabacana, guajneriano-) permite.

Por ello, les presentamos una idea tal vez revolucionaria, tal vez perogrullesca, tal vez, por qué no, absurda: la reproducción del Festival Bayreuth en un lugar wagnerizante: la Sierra de Guadarrama, para conmemorar cual quijotes serranos el bicentenario del nacimiento de Richard Wagner, haciéndolo coincidir, en la medida de lo posible, no sólo en obra (la Tetralogía) sino en día de fecha y hora en acción heroica wagneriana donde las haya. Consideramos así que merece la pena que el público que abarrota las calles de San Lorenzo de El Escorial en verano tenga la oportunidad de conmemorar con nosotros, en paralelo, en comunión wagneriana y como contrapunto al Festival de Bayreuth, el bicentenario del nacimiento de Richard Wagner con nuestro formato habitual, en el que venimos trabajando desde hace ya años: la conferencia-concierto.

No es en absoluto habitual encontrarnos con actos similares en este país, pues tan sólo algunos teatros hacen conferencias previas a los conciertos u óperas que programan durante la temporada, y la mayoría de las veces se queda en eso, en una conferencia en la que en el mejor de los casos se interpretan algunos ejemplos al piano o bien simplemente se ponen fragmentos de un CD para ilustrar lo explicado. En ambos casos se trata de un formato, a nuestro juicio, incompleto.

En efecto, se olvida cómo Wagner hacía interpretar en privado, con un Tausig, un Klindworth, un Joseph Rubinstein o cualquier otra víctima propiciatoria al piano en la Villa Wahnfried, sus obras antes de estrenarlas e incluso de orquestarlas, se ignora cómo Liszt difundía las sinfonías de Beethoven por recónditos poblachos miserables con la simple ayuda de un piano a menudo desvencijado, se desprecia cómo Busoni o Reger transcribían las grandes obras de órgano de Bach al piano para aprovechamiento de los pianistas, se desconoce cómo el propio Bach practicaba el arte de la transcripción (y si no que se lo digan, entre otros, a Vivaldi o a Marcello), más aún resulta desconcertante el desconocimiento de las maneras de Wagner por parte de las asociaciones wagnerianas (que dicen ser sus sucesores creativos y seguir sus postulados) hasta el punto que simplemente se convierten en “especialistas” de acumulación masiva de discos y de versiones.

En el formato que relatamos más arriba no se olvida, por tanto, que todas las obras, en el caso que nos ocupa, de Wagner, que se interpretan en orquesta, se pueden interpretar al piano, bien porque ya existen, bien porque se pueden hacer o por lo más espeluznante que resulta constatar (por parte de un wagneriano convencido que regente o pertenezca a una gloriosa asociación wagneriana o no) que nacieron en este instrumento. La imaginación al poder. Basta de actos incompletos. Si Wagner propugnaba la Gesamtkunstwerk, el acercamiento a su obra ha de ser a través de la Gesamtkunstlernen, por así decirlo. No basta con leer una sinopsis o un libreto. Para poder comprender y disfrutar en toda su dimensión cualquier obra musical (no únicamente wagneriana, por tanto), es necesario un acercamiento más profundo y completo, y por ello proponemos la celebración de un ciclo de conferencias-concierto en el cual se explicará la obra con detalle y ésta se interpretará posteriormente al piano. Preferiríamos hacerlo de manera íntegra, pero en un ciclo de verano ello no es posible debido a las proporciones gigantescas de las obras wagnerianas, y por lo tanto se recurre a versiones sincréticas, que recogen lo esencial de cada obra.

En todos los casos, y más aún en un concierto que recoge en abstracto al piano una obra escénica con canto, ayuda y facilita la proyección de imágenes y textos que ilustran, arropan la música, ofreciendo un espectáculo más redondo en el que no se pierda de vista que se ha de seguir un argumento a cuyo servicio está la música. Hemos de añadir que la selección de las imágenes y de los textos es otro capítulo aparte de nuestro trabajo, pues dicha selección la realizamos nosotros mismos, dado que nos lo tomamos muy en serio y tratamos de cuidar todos los detalles al máximo.

Actos como los que proponemos en este festival son más atrevidos, más original, pero también más exigente para todos, para el público y para los músicos, pues la preparación que ello conlleva desde un punto de vista documental, técnico y comunicativo es mayor, si cabe, que la de un concierto convencional. Pero los frutos son sin duda más jugosos y placenteros que los de un simple concierto en el que alguien ha escrito unas notas al programa a menudo poco inspiradas y motivadas y que la mayor parte de las veces acaban en alguna papelera, cuando no abandonados, ensuciando los suelos de nuestras calles.

Les presentamos, pues, tres conciertos (no es posible hacer más por razones de agenda) a celebrar durante este verano, concentrados en una semana, que coincide con el bicentenario del nacimiento de Richard Wagner y cuyos detalles se pueden consultar en el cartel que adjuntamos aquí:

Cartel Festival Wagner verano SLE 4

Confiamos en que sea de su interés, habida cuenta de que se trata de una forma de hacer las cosas que nos acerca a las formas originales en que Wagner trabajaba sus obras, con un piano y una serie de acólitos enviados en parte, cómo no, por Franz Liszt. Así pues, a menudo la primera vez que sonaban las notas de las obras de Wagner era así, al piano, antes de su estreno en teatro, en la intimidad de una sala oscura sin público, con Wagner narrando el argumento y los distintos pasajes mientras un Tausig o un Klindworth de turno tocaban la partitura al piano. Seamos, pues, Urtext, alcancemos el Nirvana, toquemos Wagner al piano, seamos como Ludwig II, ese rey loco, el verdadero iluminado del Ganímedes wagneriano sideral.

Wagners Antagonisten (Los Antiwagnerianos)

24 lunes Jun 2013

Posted by wagnerianus in Disertaciones

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«Sólo sé que… ¡no soy Wagner! Sálveme o sálvese, doctor”

(Groucho Marx parafraseando a Wagner… ¿o era Woody Allen?)

En efecto, querido amigo, a menudo los wagnerianos furibundos son en el fondo profundamente antiwagnerianos por ser excesivamente cortos de miras. Pero nosotros tratamos de huir del universo monowagneriano (¿o más bien monowagneríaco?) asumiendo y amando la enorme riqueza musical del siglo en el que Wagner vivió. Es más, a menudo a partir de los antagonistas de Wagner es posible disfrutar más aún si cabe de las obras del maestro de Leipzig, aunque sólo sea por el contraste, que no la comparación, pues lo siento, y quizá en boca de un wagneriano suene raro, pero no es superior el Anillo al Quinteto con clarinete de Brahms, por poner un ejemplo, o al Requiem de Fauré, por citar otro.

Así pues, disfrutemos con los antagonistas de Wagner, con aquellos que por culpa de multitudes de zombis que rodeaban a D. Ricardo Carretero, acabaron por ser odiados por Él, a veces por motivos de animadversión personal, a veces por motivos de envidia musical, a veces por ambos, a veces simplemente por el atrevimiento de existir y componer sin el permiso de Él, el único, el creador de todo el universo músico-artístico-germánico-occidental (aunque a veces fuera en vidas pasadas). Con los antagonistas… y con el propio Wagner, claro, tampoco es cuestión de dejarle al margen, y menos nosotros, una asociación wagneriana de recentísimo abolengo…

A la hora de preparar este acto hemos pensado no sólo en los antagonistas de Wagner, sino también en sus “víctimas”. En efecto, muchos fueron los que se sintieron acomplejados y por ello compusieron poco o nada (o minusvaloraron lo que compusieron, caso de Bruckner), otros se sintieron aplastados por Él y por ello perdieron toda voluntad e independencia (por mucho que lo niegue, Pierre Boulez es un claro e infumable ejemplo de ello), otros se sintieron vilipendiados y sufrieron por ello sin esperanza (caso por ejemplo de Hugo Wolf, por otro lado un talibán wagneriano), y otros sencillamente… fenecieron. En efecto, y esto es un tema de tesis (búsquese una universidad de esas de “excelencia” y utilícese esto para elaborar una tesis doctoral), muchos de los que se acercaron a Él murieron antes de tiempo. Casos como el de Carl Tausig (que murió de tuberculosis con 29 años) o Joseph Rubinstein (secretario de Wagner, judío, que se suicidó), o incluso el de Franz Putzi (otro malogrado alumno de Liszt que se acercó demasiado a la Villa Wahnfried, pero sin las necesarias pilas oficiales marca Siegfried) son como mínimo extraños y dignos de figurar como protagonistas de un reportaje de Cuarto Milenio. Todos murieron tras hacer de pianistas privados en las sesiones en las que Wagner presentaba sus obras (incluso antes de orquestarlas) ante un selecto grupo de invitados que, entre descomunales bostezos, loaban las excelencias de cada nueva creación wagneriana. ¿Muertes por fiebres wagnerianas, quizá?

Por ello, les invitamos a un concierto de lo más variopinto. Obras de Nietzsche, el otrora zombísimo wagneriano por excelencia, de quien podremos escuchar una versión de su Manfred-Meditation para piano solo (la original es para piano a cuatro manos), obra destrozada por otra víctima zómbico-wagneriana, Hans von Bülow, quien dijo de ella: “¿Es conscientemente que usted desprecia todas las reglas de la composición, de la sintaxis superior a las leyes más elementales de la armonía? Pongo aparte su interés psicológico, … su Meditación, desde el punto de vista musical, no tiene otro valor que el de un crimen en el orden moral¨[1]. A pesar de la crítica de Hans von Bülow, queremos escuchar esa obra, queremos comprobar cómo, a pesar de sus palabras severas, a nuestros oídos el resultado sonoro no es tan cacofónico como lo era para los coetáneos de estos dos personajes, pero quizá por una simple cuestión de impericia técnica que hace que sus obras suenen modernas, o al menos no tan lejanas a nuestro mundo sonoro de hoy.

Manfred 1

Escucharemos también algunas piezas breves del filósofo que quiso ser compositor (¿o quizá del compositor que quiso ser filósofo?), que confirman la aseveración que cierra el párrafo anterior. Se trata del Himno a la vida, obra original para coro transcrita para piano solo por Faustus von Flickenstein, y por último So lach doch mal, pieza breve original para piano solo.

No podemos dejar de lado la música de Wagner, claro está, y por ello cerramos el semestre con la Muerte y marcha fúnebre de Sigfrido, de la última ópera de la Tetralogía, El ocaso de los dioses. Se trata de una magnífica versión[2] que nos transporta al momento en que Sigfrido cae presa de la traición orquestada por Gunther y Hagen y es alcanzado por su lanza en el único punto vulnerable del héroe: una zona de la espalda que no fue bañada por la sangre del dragón Fafner (este punto fue modificado por Wagner pero no vamos a entrar ahora en eso), cuando Sigfrido lo mató en lo profundo del bosque.

muerte de sigfrido

Tras eso, sonará la música de la marcha fúnebre de Sigfrido, uno de los momentos más potentes de toda la Historia de la música en el que el cadáver del héroe es llevado en procesión fúnebre y que acerca el final de la Tetralogía y la caída final de los dioses. Pero en esta ocasión, la marcha fúnebre va por las numerosas víctimas de la wagneridad profunda: Franz Liszt, Minna Planer, Luis II, Friedrich Nietzsche, Hugo Wolf, Johannes Brahms, Hans von Bülow, Carl Tausig, Franz Putzi, Richard Kleinmichel, Karl Klindworth, Thomas Mann, Joseph Rubinstein, Hector Berlioz, Frederic Chopin, Albert Schweitzer, Paco Porras, Siegfried Wagner, Jacques Offenbach, Gabriel Fauré, Georges Bizet, Ditta von Tesse, John Lennon, Arnold Schönberg, Piotr Ilich Tchaikovsky, Max Reger, Fritz Lang, Isolde von Bülow, Otto Wesendonck, Nicolás II, Hans y Sophie Scholl, August Stradal, Bakunin, Albert Einstein, Felix Mottl, Wieland Wagner, Lucchino Visconti, Alexander von Zemlinsky, Camille Chevillard, Giuseppe Verdi, Ervin Nyiregyhazi, Groucho Marx, Ferruccio Busoni, Eva von Bülow, Hermann Zumpe, Louis Brassin, Isadora Duncan, Anton Webern, Hans Pfitzner, Felipe Pedrell, Karl Straube, Woody Allen, Conrado del Campo, Pierre Boulez y un largo etcétera de almas zombificadas que perdieron la autonomía de la voluntad por tomarse demasiado en serio la wagneridad total.

Escucharemos también el movimiento lento de la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky. Un compositor a veces tratado de blando, pero que sin duda es uno de los grandes maestros de la orquestación y de la melodía, y que no es ajeno en alguna de sus óperas al recurso del leitmotif, si bien no con la misma cualidad que el maestro alemán. Al mismo tiempo, Tchaikovsky estuvo en Bayreuth y quedó muy impresionado por aquello que vio, pero, maniático como era y reacio ante todo lo que no sonara a Mozart o a sí mismo, terminó por rechazar el universo wagneriano, acercándose en lo personal (que no en lo musical) a otro antagonista y víctima en grado de tentativa, Johannes Brahms.

Del autor hamburgués escucharemos una auténtica primicia en España: su Albumblatt de 1853, una hoja de álbum que permaneció durante casi 160 años perdida entre unos papeles en una biblioteca (discúlpenme por no dar todos los detalles correctos, pero hay controversias entre varios personajes, algunos de renombre, que quieren apropiarse del hecho del descubrimiento) y que hace dos años se estrenó en Estados Unidos. Se trata de una hermosa y sencilla pieza breve cuya melodía sirvió a Brahms para componer el segundo movimiento, unos doce años después, de su Trío para violín, trompa y piano op. 40.

Concluiremos el concierto con una transcripción para piano solo por el pianista búlgaro afincado en Francia Emile Naoumoff de un Requiem luminoso, blanco, elevado. El Requiem de Gabriel Fauré, que se aleja de las visiones terroríficas del más allá y de la muerte que nos acercan otras misas de Requiem como por ejemplo las de Mozart y Liszt. Se sitúa, pues, más en la estela del Requiem alemán de Brahms, es decir, en la alusión permanente al consuelo y a la esperanza, pero con una alegría y un éxtasis mucho mayor; sería una especie de Requiem franciscano, en el sentido de que muestra un profundo agradecimiento por la vida y una ausencia total de temor ante la muerte. Una música, por tanto, que nos sumerge en una intensa meditación y nos arrastra hacia los terrenos más serenos del alma.

En definitiva, les invitamos a alcanzar con nosotros el Ganímedes wagneriano sideral el próximo jueves 27 de junio a las 19:30 h. en el salón de actos de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales (ETSIN), en la Avda. Arco de la Victoria, 4, 28040 Madrid, metro Moncloa.


[1] Carta de von Bülow a Nietzsche de 24 de julio de 1874.

[2] No es de Max Reger, gran compositor y transcriptor wagneriano… otra vez será.

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