La segunda escena, tras la música de transformación y al despejarse el ambiente neblinoso y nuboso que caracteriza el interludio musical, tiene lugar en un espacio abierto e ilimitado en la cima de una montaña. Ello nos sitúa en una atmósfera tan opuesta a la que hasta ahora hemos presenciado que nos hace pensar en otro elemento: el aire; no en vano Wotan, el primus inter pares de los dioses, es el demonio del viento, personificación del ímpetu, en aspiración permanente a elevarse, a alcanzar la sabiduría.

Como bien nos recuerda Lynn Snock, si coincidimos en que los dioses, los nibelungos, los gigantes y las ninfas personifican fuerzas de la naturaleza que han adquirido forma, entenderemos cómo dentro de su propio ámbito conviven y ejercen su poder de forma armoniosa. Pero sus vivencias les llevan a traspasar las fronteras de su esfera particular, para transformarse, para afirmarse o para adquirir un mayor poder. Se trata de un impulso de tal naturaleza que Wotan toma el primer puesto en el reino de la naturaleza. Se convierte en el dios de la sabiduría, pero también de la guerra y la muerte, y también, en menor medida, de la magia, la poesía, la profecía, la victoria y la caza. Encarna igualmente la envidia.

Así, Wotan encarna las fuerzas irracionales y espontáneas, fuerzas creativas y arrebatadas, pero al mismo tiempo muestra una vocación por la sabiduría que le lleva a renunciar a su poder sobre los elementos oscuros que antaño dominara, y de hecho ha perdido su sombra, de la que nace Alberich. Nos recuerda Snock que su único deseo es alcanzar una esencia puramente divina, por lo que se esfuerza en adquirir la sabiduría, la humildad y el espíritu de sacrificio, pero al ser igual a sus semejantes, es decir, a los otros dioses, al elevarse simplemente por su propio ímpetu, no puede realizar esa misión más que por medio de sus propias acciones.

Así, Wotan logra la sabiduría por el conocimiento, la poesía, la magia y la renuncia o sacrificio. En efecto, entrega nada menos que su ojo izquierdo, al que renuncia, para poder beber de la fuente de Mimir, manantial de la sabiduría que se oculta bajo las raíces del fresno gigante, eje del mundo, Yggdrasil. Mientras bebía, Wotan vio todo el sufrimiento y los problemas que los hombres y los dioses deberían soportar, pero también vislumbró por qué era necesario que esto sucediera. Además de beber de esa fuente, Wotan conserva la cabeza de Mimir, que bebía a diario del manantial, habiendo alcanzado por tanto el grado supremo y absoluto de la sabiduría, y que sin embargo resultó decapitado durante las luchas entre los dos grupos de los dioses, los Vanir (culpables de la decapitación de Mimir) y los Æsir. Wotan, por medio de la magia, logra hacer hablar a la cabeza, que es una fuente inagotable de conocimiento. En seguida comentaremos la habilidad de Wagner para reinterpretar esta parte de la mitología, sin que por ello la obra pierda interés. Al contrario, resulta favorecida al otorgar a uno de los personajes un simbolismo mucho mayor. Pero no nos adelantemos todavía.

Hemos comentado que Wotan logra acrecentar su sabiduría, entre otras cosas, por la poesía. En efecto, Wotan conoce el secreto de las runas, lengua de los poetas, cuyo arte aprendió colgándose de Yggdrasil, el fresno, atravesado por una lanza durante nueve días y nueve noches:

Sé que permanecí suspendido
del árbol mecido por el viento
durante nueve noches, noches eternas,
herido por la lanza,
sin atributo de Odín.
Sagrado para mí, consagrado para mí,
el árbol ilustre encubre a todos
sobre las raíces
cuyo origen nadie conoce.

En cuanto a la poesía, Wotan la conoce gracias a que bebió de la hidromiel de la poesía que su hermano, Suttung, había obtenido de los enanos. Al beberla, derramó un poco sobre la tierra, otorgando así a los seres humanos la facultad del canto.

Wotan gobierna sobre los dioses y las demás criaturas, y lo hace a través de pactos que inscribe en su lanza, la cual talló con madera del fresno Yggdrasil, que etimológicamente viene a significar “caballo de Odín”. En esa lanza talla la runa de la revelación, concluyendo así un pacto con las leyes de la naturaleza y convirtiendo a su lanza en garantía del orden universal.

Una vez concluidos los pactos con todos los poderes de la naturaleza, e incitado por su esposa, Fricka, nace en él la idea de construir un castillo para glorificar su poder y su condición divina, además de para protegerse de la “traición de la noche”. Allí Fricka aspira a que Wotan deje de buscar la felicidad en tierras lejanas y encuentre el equilibrio interior y se una a ella solidariamente. Ese castillo, esa fortaleza, será el Walhalla, y los encargados de construirla serán los gigantes Fasolt y Fafner, con quienes Wotan (aconsejado por Loge, de quien más adelante hablaremos) sella un pacto en su lanza por el cual el precio a pagar por el Walhalla será nada menos que la diosa Freia, la que cultiva las manzanas doradas que mantienen eternamente jóvenes a los dioses.

Wotan, en cierto modo, se está retirando de la vida, llamémosla así, mundana, ha colmado sus ambiciones, prosigue con su camino en la sabiduría, y para no tener que vérselas con los acontecimientos que van teniendo lugar (por ejemplo, el robo del oro) decide dormir mientras los gigantes construyen el castillo, lo que no significa que no quiera intervenir más en el exterior. De ahí sus palabras a su esposa, Fricka: “Aunque quisieras, esposa, mantenerme dentro de la fortaleza, debes concederme, como dios, que, aun recluido, pueda ganarme el mundo exterior. Quien vive ama el cambio y la renovación”. Volvemos pues al comienzo de la escena segunda, cuando Wotan duerme, se disipan las nubes y se adivina el Walhalla ya construido. Es Fricka quien despierta a Wotan. Justo antes hemos escuchado el motivo del Walhalla, que ya hemos comentado que se trata del motivo del anillo transformado. Igualmente, Wagner lo trata de manera diferente:

Walhallmotiv

Fricka se muestra muy preocupada porque sabe que el pago por la construcción del Walhalla es su hermana y diosa Freia, quien por cierto cultiva las manzanas doradas que mantienen eternamente jóvenes a los dioses. Wotan trata de quitar hierro al asunto, e insiste en que Fricka no debe preocuparse, pues piensa que los gigantes no reclamarán el pago convenido o se conformarán con cualquier otra cosa. Pero Fricka insiste: “Hombres duros, ¿qué tenéis por sacro y valioso cuando codiciáis el poder?”. Justo al terminar esta frase escuchamos el motivo del anillo, asociándolo así al poder y a la codicia. Magnífica insinuación que capta el ambiente de inquietud que generará el anillo:
Ringmotiv sencillo

Por si no fuera suficiente con este clima de intranquilidad, Fricka insinúa que Wotan ha renunciado también al amor, cegado por la gloria del Walhalla. De hecho, más que insinuarlo, le acusa directamente: “¡Hombre miserable y sin amor! ¿Por el vano oropel del poder y del dominio te juegas, con blasfemo desdén, el amor y la valía de una mujer?”
Entsagungsmotiv sencillo

A medida que la acción avanza, vemos cómo los distintos motivos, la renuncia, el oro, el anillo, el poder, el Walhalla, se van entremezclando, creando y describiendo situaciones psicológicamente complejas, como piezas de un reloj que van encajando unas con otras. Cada acontecimiento, pues, lleva irremediablemente al siguiente, lo que muestra la habilidad teatral y narrativa de Wagner, quien altera en ocasiones la propia historia mitológica para reforzar personajes, relaciones entre ellos o también para simplificar los mitos originales, lo que resulta sumamente eficaz en el desarrollo del argumento de la Tetralogía.

Wotan protesta ante la acusación de Fricka, y le hace ver cómo (es aquí cuando Wagner se aparta por completo del mito original) para desposar a Fricka tuvo que renunciar a su ojo izquierdo. Así, Wagner logra, de un solo golpe que le evita recordar al público por qué Wotan es tuerto, unir al personaje de Fricka, diosa del matrimonio, las cualidades de la sabiduría y el conocimiento, pues hemos de recordar que en la historia original Wotan renuncia a un ojo a cambio de poder beber del manantial de la sabiduría, que fluye por debajo del fresno Yggdrasil y cuyo pozo lo custodia Mimir. De este modo Wagner concede al personaje de Fricka un interés mucho mayor al que tendría de seguir el mito de manera literal.

Wotan, pues, protesta ante la acusación de Fricka y asimismo revela que en realidad no piensa renunciar a Freia: “nunca lo consideré seriamente”. Vemos pues cómo en el mundo de los dioses, como en el de los humanos, el que hace la ley hace la trampa: Wotan inscribe el precio del Walhalla en su lanza, pero realmente no piensa cumplir su parte. Pretende, pues estafar a los gigantes de un modo, podríamos decir, muy español: “obedézcase la ley pero no se cumpla”.

Es en ese momento cuando hace su aparición Freia, quien huye de los gigantes que vienen a reclamar el pago:

Freiamotiv sencillo

Freia implora a su hermana, Fricka, y a Wotan, que le protejan de los gigantes que amenazan con llevársela. Y de hecho no tardan en aparecer, con un motivo de gran fuerza rítmica y uso de la percusión y el viento metal:

Riessenmotiv

Los gigantes son criaturas que representan la fuerza bruta, tanto en su lado bueno como en su lado malo. En cierto sentido, serían equivalentes a los titanes en la mitología griega, pues son anteriores a los dioses, y al igual que les sucediera a sus homólogos helenos, lucharon contra los dioses y fueron derrotados por ellos. Muchos murieron en el combate contra los dioses, pero no todos, y prueba de ello son Fasolt (que representa el lado bueno de la fuerza bruta) y Fafner (que representa el lado malo). Su simpleza les hace incapaces de comprender las argucias de Wotan y las largas que el dios trata de darles, pues intenta hacerles ver que aquel acuerdo se hizo en broma. Pero Fasolt, precisamente por su simpleza, no entiende el juego de Wotan: “¿Las runas del pacto que protege tu lanza son para ti una broma? Lo que eres lo eres sólo por los pactos”. Y añade: “Tienes cualidades para el poder  y lo dispensas bien. Nos ganas en astucia e inteligencia, y nos obligaste a nosotros, que éramos libres, a mantener paz. Pero maldigo todo tu saber y renuncio a tu paz si no sabes o no puedes aceptar, de manera noble y libre, cómo mantenerte fiel a un pacto. Un estúpido gigante te da este consejo; ¡Tú, sabio, apréndelo de él!”.

Ninguna excusa de Wotan logra persuadir a los gigantes, y cuando éstos están a punto de tomar por la fuerza a Freia tras un conato de violencia en el que se ven implicados los dioses Donner y Froh, aparece Loge, cuya presencia tanto anhelaba Wotan. La situación está en un callejón sin salida. En efecto, Wotan detiene a Donner, dispuesto a utilizar su martillo contra los gigantes: “¡Detente salvaje! ¡No hagas nada por la fuerza! ¡La punta de mi lanza protegerá el pacto!” Wagner refleja este momento así:

Vertragsmotiv

Antes de hablar sobre Loge, destacamos un aspecto de los gigantes que ayuda a comprender su negativa total a aceptar (por ahora) otro pago que no sea la diosa Freia. Como hemos dicho, los gigantes representan la fuerza bruta, pero además, en el caso de quien representa su lado bueno, Fasolt, se une el hecho de desear sinceramente a Freia, por su belleza y su delicadeza. De hecho, su única ambición es vivir con Freia y que ésta sea parte de su hogar: “¡Cómo podríamos conseguir, que con nuestras manos callosas y sudorosas, una mujer rubia y gentil quisiera vivir con nosotros, tan rudos! ¿Y ahora osas romper el trato?” así, a su incapacidad por entender que quien gobierna en virtud del pacto pretenda incumplirlo, se añade su anhelo de alcanzar la belleza y el amor.

Fafner, sin embargo, como veremos, se indigna igualmente ante el incumplimiento del pacto suscrito con Wotan, pero no pretende amor alguno y su voluntad no es tan férrea. Como veremos, preferirá el oro, ya que el lado malo sucumbe inmediatamente ante la tentación de la codicia.

Hemos mencionado a Loge. Es éste un personaje que convoca al último elemento que nos faltaba: el fuego. De hecho, es una personificación del fuego por voluntad de Wotan, quien le había descubierto en medio de las brasas y decide darle una forma tangible. Como el fuego, es de naturaleza volátil, hoy está aquí, mañana allí, está en todas partes y en ninguna al mismo tiempo. De hecho, a lo largo de la Tetralogía se intuye su presencia pero no vuelve a aparecer.

Loge es, según algunos autores, otra alteración de la historia original por parte de Wagner, mezcla de dos seres mitológicos, Logi y Loki. Logi o Loge (en nórdico antiguo: “fuego”) es un jotun (gigante) en la mitología nórdica, una deidad y personificación del fuego. Loki, por su parte, es un dios timador de la mitología nórdica, de naturaleza ambigua y cambiante. En las eddas es descrito como el “origen de todo fraude” y se mezcla con los dioses libremente llegando a ser considerado por Odín como su hermano o hijo, pero asesina a Baldur dos veces indirectamente, pues primero ordena su muerte, y después le impide regresar del reino de los muertos. Luego de esto los Æsir lo capturaron y le ataron a tres rocas. Se liberará de sus ataduras para luchar contra los dioses en el Ragnarök. A pesar de muchas investigaciones, la figura de Loki permanece oscura; no existen trazas de un culto y su nombre no aparece en ninguna toponimia. En términos religiosos, Loki no es una deidad: al no tener culto ni seguidores (no se ha encontrado ninguna evidencia o referencia a ello), es más bien un ser mitológico.

El Loge wagneriano viene a ser una síntesis de estos dos seres, pero sin la maldad de al menos Loki. Astuto, sagaz, burlón, irónico, hábil, está y no está, ayuda a Wotan a lograr sus propósitos, pero lo hace utilizando la astucia. Eso sí, al igual que el fuego, Loge no miente, no puede hacerlo. Wagner capta muy bien su esencia cuando presenta al personaje, asignándole un tema, llamémoslo así, crepitante:

Logemotiv

Wotan, supuestamente, prometió pagar con Freia a los gigantes a instancias de Loge, quien prometería al primer dios arreglar la situación. Wotan se encuentra en una situación complicada, pues sabe que los gigantes tienen razón y que debe acceder al pago que reclaman. Por eso espera como agua de mayo la aparición de Loge, pues desea valerse de su astucia para poder consumar la estafa a los gigantes.

Loge, sin embargo, va a suscitar la inquietud en Wotan al negar haber hecho promesa alguna en el sentido en que la entiende el primero de los dioses; éste le advertirá: “Con qué astucia evitas contestarme. Vete con cuidado si no quieres traicionar mi confianza. De entre todos los dioses,  yo soy tu único amigo; yo te acogí cuando los demás no se fiaban de ti. ¡Aconséjame inteligentemente! Sabes que no fue otra cosa que tu juramento de liberar a la noble prenda lo que me empujó a dar mi consentimiento, cuando los creadores del castillo me pidieron a Freia  como pago por su trabajo”. Loge responde: “Planear con sumo cuidado la manera de liberarla, eso es lo que prometí. Pero que yo mismo encontraría aquello que ni tan sólo existe ni nunca puede ser alcanzado… ¿cómo podría prometer nadie tal cosa?”. Los dioses reaccionan con indignación ante el comentario de Loge, tanto que el propio Wotan tiene que contenerlos. Véase en este pasaje la impopularidad de Loge entre los dioses, debido a que no sabe callarse a tiempo ni tampoco mentir.

Loge desvela a Wotan su plan para evitar el pago con Freia: “¡Ingratitud es siempre la recompensa de Loge! Preocupado sólo por ti, he buscado y he registrado, con febril obsesión,  todos los rincones de la tierra, para encontrar a Freia una sustituta que agradara a los gigantes. Busqué en vano, y ahora lo veo todo claro: no hay nada en todos los mundos tan apreciado por los hombres, que pueda sustituir el valor y la belleza de una mujer. Allí donde había vida y aliento, en tierra, en mar y en aire, allí pregunté a muchos; por todas partes pregunté,  dondequiera que las fuerzas de la naturaleza se movieran y las semillas fermentaran: ¿qué podrían considerar los hombres más poderoso que la belleza y el valor de una mujer?. Pero todo lo que tiene vida y aliento se burló de mi astuta pregunta: en tierra, en mar y en aire, nadie renunciaría al amor de una mujer Sólo a un hombre vi que había jurado rechazar el amor: a cambio de oro brillante, había renunciado al amor de las mujeres. Las transparentes hijas del Rin  me contaron su desgracia: el nibelungo, duende de la Noche, en vano buscaba los favores de las sirenas; y entonces el ladrón les robó el Oro del Rin en venganza: ahora es su más valiosa posesión, incluso más noble que una mujer. Por su radiante juguete, robado de las profundidades del río, las sirenas se quejaron a mí: a ti, Wotan, apelan para que el ladrón responda de su robo y devuelva el oro a las aguas, y así permanezca junto a ellas por toda la eternidad. Prometí a las sirenas  que te informaría de ello: ahora, Loge, ha cumplido su palabra”.

Wotan no quiere ni oír hablar de prestar ayuda ahora a nadie, porque no ha entendido el plan de Loge, pero al decir en voz alta esas palabras logra suscitar el interés de todos los presentes, incluidos los gigantes, que, a iniciativa de Fafner, exigen, para renunciar a Freia, el oro del Rin que ahora posee Alberich. Wotan sigue sin querer aceptar ese pago, pues le obligaría a actuar como un ladrón: “¡Os habéis convertido en unos idiotas desvergonzados y demasiado avaros!”. Fasolt no duda en agarrar de improviso a Freia, ayudado por Fafner, tomándola como rehén. Advierten a los dioses de que retendrán a Freia hasta la noche, plazo que dan a Wotan para que les traiga el oro. De lo contrario, se quedarán con la diosa para siempre.

Ante el estupor de los dioses, los gigantes se marchan con su rehén, mientras Fricka entona el motivo del dolor (“¡Dolor! ¡Dolor! ¿Qué ha sucedido?”):

Wehemotiv

Este motivo utiliza intervalos de segunda menor, algo que no sólo emplea Wagner para expresar dolor o lamento. Mahler, por ejemplo, también lo utilizará en su Quinta Sinfonía en el mismo sentido, y no es el único en hacerlo.

Los dioses comprueban cómo, ante la ausencia de Freia, empiezan a envejecer, lo cual hace que Wotan se alarme y se disponga a bajar inmediatamente al Nibelheim para robar el oro a Alberich ayudado por Loge.

Aquí termina la segunda escena de El oro del Rin, dando paso a una nueva música de transformación que conduce a la tercera escena sin que la música deje de sonar en ningún momento.